Varices durante el embarazo

ImagePor los cambios hormonales que surgen durante el embarazo, las várices pueden afear las piernas mejor torneadas. Pero es posible prevenir su aparición, poniendo en práctica medidas higiénico dietéticas que aquí te contamos.  

 

 

 

 

Considerado un trastorno muy frecuente relacionado con la gestación, las várices suelen afectar a mujeres con predisposición genética a padecerlas. “Al promediar el segundo mes del embarazo, el organismo de la mujer en gestación comienza a experimentar un marcado aumento del volumen de sangre: en consecuencia, las venas se ven exigidas en el trabajo de transportar mayor circulación”, afirma el doctor Roberto Yahni en su libro Voy a ser mamá. Y agrega: “A su vez, los cambios químicos producen un relajamiento en la pared de los vasos sanguíneos. Todo este proceso en el sistema circulatorio lleva a favorecer la aparición de las temidas várices”. Sin embargo, el médico obstetra afirma que no hay que confundir las várices de las piernas con otros signos circulatorios propios del embarazo, como las venas, que se hacen más notorias en el abdomen o en las mamas. Estas últimas son la evidencia del mayor trabajo circulatorio del organismo de la embarazada, que tiene un trabajo extra al tener que transportar un caudal sanguíneo superior al habitual. “Luego, junto con las várices pueden aparecer otros síntomas circulatorios en las piernas como dolor, sensación de pesadez y cosquilleos. Otras veces, en lugar de várices pueden verse pequeños derrames llamados también “arañitas”, que no son otra cosa que pequeñas várices”, dice Yahni.

Por culpa de las hormonas

En cuanto a los factores que facilitan la aparición de estos trastornos circulatorios, al parecer el hormonal es muy relevante: “La progesterona, hormona secretada por el cuerpo amarillo ovárico al principio del embarazo, y luego del tercer mes por la placenta, actúa disminuyendo el tono muscular normal de la pared venosa y las vuelve más susceptibles a deformarse. Los estrógenos también causan alteraciones en la pared de los vasos”, dice el doctor. En cuanto al llamado “factor mecánico”, el especialista explica que se trata de la compresión causada por el útero y el bebé sobre la vena cava inferior y todas las venas pelvianas, sobre todo en los meses previos al parto. Por el peso estas venas ven dificultado su trabajo de retomar la sangre de los miembros inferiores hacia el corazón. Sin embargo, es necesario hacer hincapié en el hecho de que este problema, estético y orgánico, es más frecuente en las embarazadas con predisposición genética. “Las várices y hemorroides tienen ambas como factor causal la insuficiencia venosa”, afirma la doctora Carolina Chabelski, ginecóloga. “En mujeres con antecedentes personales y familiares de várices, éstas pueden aparecer o hacerse más evidentes durante la gestación”. Los primeros síntomas relacionados con este trastorno venoso son sensación de cansancio y de pesadez en las piernas, sobre todo con el correr del día. También puede producirse hinchazón de tobillos, dolores al caminar, hormigueos, calambres y algunas veces picazón.   

Aliviar los síntomas

Si estás embarazada y actualmente ya padecés hemorroides o várices, es recomendable que utilices medias elásticas de compresión graduada, que realices caminatas diarias, que evites usar ropa ajustada y tacos más altos de 5 cm, que no levantes peso y que duermas con las piernas apenas un poco más levantadas que el resto del cuerpo (colocá tacos de 10 a 15 cm en las patas de la cama, del lado de los pies). Además, tené en cuenta que existen medicamentos llamados venotónicos que mejoran la circulación, aliviando los síntomas, y que pueden tomarse durante el embarazo, siempre que tu médico te los indique.
En cuanto a los ejercicios de Kegel, recomendados por algunos especialistas para fortalecer la zona pélvica, la Dra. Chabelski afirma que son ideales para fortalecer el piso pelviano y, de esa manera, prevenir el desarrollo del prolapso genital y de incontinencia urinaria ante los esfuerzos. “Los recomiendo antes, durante y después del embarazo en forma cotidiana, tanto en mujeres que han tenido parto vaginal como por cesárea”, dice la médica.

Otra forma de prevención

Otra consecuencia de la mala circulación que suele afectar a las gestantes, es la aparición de cuadros hemorroidales. “Durante el embarazo las piernas no son las únicas que se perjudican”, afirma el Dr. Guillermo Cullington, flebólogo. “Muchas veces aparecen várices vulgares, várices en la vagina y/o en la región ano-rectal (hemorroides).
El mecanismo por el cual se producen estas últimas es igual que en el caso de las várices de miembros inferiores: por factores genéticos, hormonales, mecánicos (por la compresión del útero a las venas pelvianas), y por otro problema muy frecuente en las futuras mamás, la constipación”.
Una de las causas que empeoran -o inclusive, desencadenan- el problema hemorroidal es la constipación. En ese sentido, es fundamental alimentarse muy sanamente con una dieta rica en fibras, y así poder evacuar los intestinos de manera diaria sin hacer esfuerzos.
El Dr. Cullington es cauto al respecto: “La dieta rica en fibras ayuda a prevenir porque disminuye la constipación que es uno de los factores que producen las hemorroides. El resto de las causas ya mencionados puede hacer que las hemorroides aparezcan a pesar de la dieta”.
Llegado el momento del parto, con la fuerza que se realiza al pujar, el cuadro hemorroidal puede empeorar. “En algunas mujeres el esfuerzo agrava o exterioriza el problema hemorroidal. Se soluciona con dieta, hielo local, baños de asiento con malva y cremas antihemorroidales de aplicación perianal. En casos más severos -y menos frecuentes-, se recurre a la intervención quirúrgica”, afirma Chabelski.

Calambres musculares

Por otra parte, malestar propio de la gestación es la aparición de calambres. “Aunque aún no se ha podido determinar la causa que los provoca durante el embarazo, se sospecha que una de las explicaciones podría ser una alteración en el metabolismo del calcio y el magnesio, sumado al retorno venoso más lento en la circulación de las piernas”, dice el Dr. Yahni. Y agrega: “Los calambres, aunque son muy molestos y dolorosos, pueden aliviarse rápidamente si se evita utilizar justamente el músculo afectado, es decir, lo contrario que se tiende a hacer frente a estos episodios. Por ejemplo, el calambre más común, el que involucra y tensa los dedos de los pies, se soluciona flexionando los dedos hacia arriba, utilizando las manos y dando suaves masajes, hasta que se afloje la contractura muscular involuntaria”.
Qué hacer si aparece un calambre en una pierna: sentarse en el suelo con la pierna estirada sin doblar la rodilla, flexionar los dedos del pie hacia la pantorrilla. Cuando la panza haya crecido a un punto que no es posible tocarse los pies, se puede pasar una bufanda o chalina detrás de las plantas y sostener ambos extremos con las manos. Tirar de la bufanda acercando las plantas y dedos hacia adelante.
 



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